Greenpeace denuncia que ninguno de los países analizados cumplirá con los objetivos para evitar que la temperatura suba más de grado y medio.

Nadie duda de que Extremo Oriente sea la región menos castigada por el coronavirus y la que más fortalecida va a salir de la pandemia. No en vano, las economías de Asia Oriental son las que gozan de las mejores previsiones en esta coyuntura de fuerte recesión global. China lidera la lista, seguida de Vietnam. Pero los países del continente, sobre todo los del sudeste asiático, también se encuentran entre los que más pueden sufrir las consecuencias del cambio climático. De hecho, ya son golpeados a menudo por inundaciones y tifones cuyo poder destructivo va en aumento. Pero, a ese respecto, la región no está haciendo sus deberes.

Es lo que se deduce del informe que hoy ha publicado Greenpeace para advertir de que «la forma en la que el sudeste asiático responda al incremento de la demanda energética es un asunto crucial en el combate del cambio climático». Ninguno de los ocho países que la ONG ecologista ha analizado está cumpliendo con los objetivos determinados para evitar que la temperatura del planeta crezca más de un grado y medio, y la construcción de nuevas plantas de carbón hace prever que «las emisiones de gases de efecto invernadero vayan a crecer a una velocidad récord en los próximos diez años».
 
«Los intereses de la industria del carbón, que se han infiltrado profundamente en las estructuras de poder, los erráticos cambios en las políticas energéticas, y cuellos de botella políticos en la adopción de energía solar y eólica suponen grandes barreras en la respuesta climática del sudeste de Asia», denuncia Greenpeace. China es actualmente el país que más contamina del mundo en términos absolutos -no por habitante-, pero el sudeste asiático es la segunda región con más dependencia del carbón. Sus 79.067 megavatios superan a toda la energía que el mineral genera en América, Europa y África.

No obstante, incluso en este negro panorama, la ONG tiene claro que Vietnam es el país que más está avanzando en la dirección correcta, sobre todo porque sigue el patrón de China en lo que se refiere a la apuesta por las energías renovables como alternativa al carbón: ha pasado de contar con solo 134 megavatios de solar en 2018, a 5.500 MW a final del año pasado. En opinión de Greenpeace, en Vietnam «la industria de las renovables ha absorbido parte del shock económico de la Covid-19 y ha protegido a la economía de la volatilidad de los precios del gas, el carbón, y el petróleo».

En el extremo opuesto, Indonesia se encuentra en última posición. Mientras el resto de países analizados aún está a tiempo de corregir su trayectoria con cambios en sus políticas energéticas, el estado insular poco puede hacer ya. «Es el único país que, por la falta de reforma sistémica, no tiene ninguna posibilidad de alcanzar el camino del grado y medio en 2050. Además, la nueva legislación sobre el carbón y las ayudas a la industria van a cimentar ese fracaso», señala el informe. Por si fuese poco, en el caso del pulmón asiático preocupan la deforestación del bosque primario en islas como Borneo o Sumatra y la degradación del ecosistema provocada por monocultivos como el aceite de palma.

Asia es, sin duda, el continente que más se desarrolla y el que mejor combate la pobreza. Pero, si esas estrategias socioeconómicas no van acompañadas de otras destinadas a reducir el impacto medioambiental, a medio plazo la bala podría salir por la culata. «Debemos incrementar el peso de las renovables hasta el 50% en 2030. El ejemplo de Vietnam ha derribado varios mitos sobre las reticencias a financiar proyectos de energía solar y eólica en la región. En 2020, ya no caben excusas para dejar de apostar por las renovables», ha sentenciado la responsable de transición energética de Greenpeace en Tailandia, Chariya Senpong.

Fuente:https://www.canarias7.es/internacional/asia/sudeste-asiatico-suspende-20200923081629-ntrc.html