Hasta la fecha, los mercados del vehículo eléctrico y de la energía fotovoltaica han caminado de forma independiente, a pesar de que se solapan significativamente, tanto en términos de objetivos como de mercado. Combinando la recarga de vehículos eléctricos con la fotovoltaica, los dos sectores pueden beneficiarse y acelerar la adopción de ambas tecnologías. Es un artículo de Christian Carraro, director general de SolarEdge para el sur de Europa.

Dos cortinas de humo (la del gas y la del CO2) pretenden ocultar (desenfocar) lo que está ocurriendo con el precio de la luz estos días. Cierto es que el precio del gas en los mercados internacionales ha subido en los últimos meses, y cierto es también que lo mismo ha sucedido con el precio del CO2. Pero la clave de la escalada del precio de la electricidad es el mecanismo de formación de ese precio que ha elegido el legislador, un mecanismo que facilita que las grandes compañías especulen con un bien básico, como es la electricidad, e inflen artificialmente su precio, un precio -lo que al final pagamos concretamente por un kilovatio hora- que no refleja lo que realmente cuesta generar ese kilovatio hora.

Lo dice la asociación de consumidores Facua, que acaba de publicar su análisis sobre la evolución de la tarifa denominada Precio Voluntario del Pequeño Consumidor, que tienen contratada unos diez millones de familias. Según Facua, si en agosto de 2020 el precio del kilovatio hora (kWh) se situó en una media de 12,18 céntimos, en la primera quincena de agosto de este año, el precio medio ha sido de 15,28 céntimos en horario valle, 19,85 céntimos en horario llano y 30,96 céntimos en horario punta: "la media aritmética entre los tres tramos -concreta Facua- ha sido de 22,03 céntimos, un 80,9% más que hace un año; la media ponderada tomando como referencia el consumo del usuario medio en cada tramo ha sido de 21,01 céntimos, un 72,5% más elevada que en agosto de 2020".

El Consejo de Ministros ha aprobado hoy dos reales decretos por los que se regula la concesión directa de ayudas para el desarrollo de proyectos singulares de energías limpias y las actuaciones de rehabilitación energética en edificios existentes en municipios de reto demográfico (Programas DUS 5.000 y PREE 5.000, respectivamente). Ambos están gestionados por el IDAE y se enmarcan en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR).

La Comisión Europea publicó el pasado jueves nuevas orientaciones técnicas para el período 2021-2027 con las que aspira a conseguir que los proyectos de infraestructura sean resilientes al cambio climático. Lo que ayudará a integrar sistemáticamente las consideraciones climáticas en la inversión y el desarrollo futuros de proyectos de infraestructura, desde los edificios hasta las infraestructuras de red, pasando por toda una gama de sistemas y activos construidos.