Biólogos y oceanógrafos han dibujado en las playas y en el paseo Marítimo de Barcelona una gran línea azul, que indica hasta donde llegarán las olas del mar en el año 2100 si continúa el actual ritmo de calentamiento global de la Tierra.

Los procesos de mejora de la planta alojativa impulsados por la Ley de Renovación y Modernización Turística de 2013 suponen una oportunidad para reducir el consumo energético de los establecimientos. Así lo considera el Gobierno canario, que lleva unos años difundiendo una guía -el proyecto Transhotel- para que el sector acometa las actuaciones necesarias para que sus instalaciones sean más eficientes energéticamente y ahorren en una materia que supone, como media, alrededor del 10% de sus costes totales de explotación, pero que, en el caso de los hoteles de mayor categoría, puede alcanzar el 25%.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM), en un claro signo de un cambio climático continuo a largo plazo asociado con concentraciones atmosféricas récord de gases de efecto invernadero, ha confirmado 2015, 2016, 2017 y 2018 como los cuatro años más calurosos registrados desde 1850.

El  informe anual sobre el sector, que acaba de dar a conocer REE, dibuja este escenario: en el haber, un 40 %, más de generación con renovables, lo que representa un incremento de 6,4 puntos porcentuales respecto a 2017, y un 15% menos de emisiones de CO2 que el año anterior. En el debe, un recibo de la luz un 2,5% más caro, con el precio del MWh a 64,4 euros. Y, aunque en retroceso, demasiada generación todavía con energías sucias.

Mientras en la ciudad australiana de Adelaida los termómetros superaban los 46 °C, en Chicago caían por debajo de los 30 °C. En la visión simplista del cambio climático que tiene Donald Trump, calentamiento global quiere decir calor y no frío, y por eso se permitió hacer broma. Pero el clima no está para bromas. Con estas manifestaciones extremas, cada vez más frecuentes, la Tierra se queja de la primera de las tres fracturas metabólicas a las que la humanidad la ha sometido en su afán por explotar los recursos naturales. Sobre esas fracturas escribe Joaquim Sempere en su último libro, Las cenizas de Prometeo.