Frente a un «retraso importante» de emisiones demasiado altas que dejó el gobierno anterior y sin suficientes medidas para alcanzar los objetivos climáticos para 2030, el nuevo ministro de economía y clima de Alemania, Robert Habeck, ha anunciado el lanzamiento de programas de emergencia climática que hagan efecto rápidamente.

La Universidad Autónoma de Madrid (UAM), a través de su fundación, y el Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña (CTFC), con el apoyo económico de la compañía TotalEnergies, han unido fuerzas para crear una cátedra para el estudio de los sistemas agroesteparios y su conservación. La iniciativa surge de la mano del bum de proyectos fotovoltaicos que se está produciendo en la península. TotalEnergies considera España "un país prioritario, donde contamos ya con una cartera de proyectos de 5.000 megavatios en desarrollo". [En la imagen, avutardas en la Comunidad Autónoma de Madrid. Fuente: Ecologistas en Acción].

En pleno auge y despliegue de las renovables convencionales, el hidrógeno se está posicionando entre los sectores a los que más empresas se quieren sumar. Pero no es un gas novedoso o con escasos años de vida. Si el 2020 se conoció como el inicio de su carrera en España, lo cierto es que las primeras veces que se mencionó el término fueron hace más treinta años. Los objetivos han ido cambiando a la par que el hidrógeno ha ido evolucionando. Ahora los principales retos están en la movilidad y la electrificación; en cómo introducir este gas en el transporte pesado y en la industria con serios inconvenientes para sumarse a otras renovables.

No cabe duda de que el almacenamiento es una pieza clave para la transición energética. Es el eslabón que une generación y consumo; es la llave con la que el consumidor puede almacenar, para después consumir, su propia energía; es el paso definitivo para conseguir que la ciudadanía realice un verdadero autoconsumo energético. En definitiva, fundamental si queremos alcanzar y desarrollar una electricidad renovable a gran escala. Pero para conseguirlo se necesitan medidas e iniciativas. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), por ejemplo, considera el almacenamiento como una de las herramientas clave.

El año de los precios disparados ha sido el año en el que las energías renovables más electricidad han generado. Hasta el 46,6% de la electricidad que ha demandado España entre el 1 de enero y el 31 de diciembre lo han producido el Sol, el viento, el agua y la biomasa, fuentes todas limpias de energía, y renovables, y autóctonas (no hay que importarlas). Las centrales de ciclo combinado que queman gas para generar electricidad solo produjeron el 17,2% del total; la nuclear, el 20,8%.