Seis de las 17 comunidades autónomas de España generaron en 2018 más de la mitad de su electricidad a partir de fuentes renovables. A destacar Castilla y León, donde la generación renovable superó el 75%. En el conjunto del Estado, la media se situó por encima del 38%, con la eólica como principal protagonista, según los datos que acaba de dar a conocer Red Eléctrica. Las térmicas alimentadas con carbón aportaron el 14,1%, frente a la cuota del 17,1% del año anterior, lo que hizo que las emisiones de CO2 en el sector eléctrico bajaran casi un 14%.

El autoconsumo fotovoltaico no solo es una opción para el sector residencial, para pymes o empresas en general sino también para la industria electrointensiva. Aunque no es la solución a todos sus problemas para reducir los altos costes energéticos, «sí que hay expectativas en la industria de gran consumo energético con el autoconsumo fotovoltaico», explican fuentes de la Asociación de Empresas con Gran consumo de Energía (AEGE), «de hecho las empresas del sector ya están haciendo ofertas a las grandes industrias y se están valorando».

Durante el año pasado, 45 millones de personas estuvieron expuestos a unos niveles de contaminación que superan las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, según el informe anual de calidad del aire de Ecologistas en Acción. Pese a las abundantes lluvias, el cambio climático y el repunte en la quema de combustibles fósiles mantienen un problema que afecta a la salud de la ciudadanía, pero también a los cultivos, bosques y espacios naturales.

El autoconsumo empieza a despegar en España. Tras años de estancamiento, a partir de la publicación de los dos últimos reales decretos sobre esta materia (2018 y 2019), «ha habido un nuevo impulso y, a nivel regulatorio, las facilidades para poner en marcha el autoconsumo se han abierto mucho», según han coincidido los expertos reunidos en el I Congreso de Autoconsumoorganizado por la patronal renovable APPA.

Las tarifas que las compañías eléctricas cobran por la electricidad varían enormemente en diferentes partes del mundo, al igual que los precios del gas. Sin embargo, los vehículos eléctricos son más baratos de operar en casi todas partes, gracias a la eficiencia mucho mayor del motor eléctrico y al hecho de que las regiones con precios altos de electricidad también tienden a tener precios altos de gasolina. Una vasta regla de oro es que conducir un EV debería costar alrededor de un tercio de lo que cuesta conducir un vehículo de combustión interna similar.